Soy
la mayor de la nietas, pero tengo dos primos mayores. Cuando
éramos niños jugábamos
juntos. En realidad creó que ellos jugaban conmigo. Siempre me
molestaban o me quitaban mis juguetes para burlase de mí. Un día me invitaron a
jugar a los policías y ladrones. Estaba emocionada porque siempre me
excluían o me trataban mal. No sé cómo le hacían, pero me molestaban todo
el tiempo.
Antes
de jugar contamos chistes de niños, vimos la programación del canal 11 y
comimos palomitas. Estaba más divertida que nunca. Entonces mi primo mayor
dijo: “Ya vamos a jugar. Vianey, eres la ladrona. Mi hermano y yo vamos a
perseguirte”. Sin decir nada comencé a correr. No era rápida; ellos eran
más grandes y me atraparon con facilidad.
Mis
primos tomaron unas cuerdas para saltar y las enrollaron en todo mi cuerpo.
Sonreía y esperaba que fuera mi turno para amarrar a mi primo mayor, ya que no
me caía bien. Cuando terminaron de atarme, me sentaron en una silla y me
dijeron: “Te vas a quedar aquí por ladrona. Vamos por más cosas para jugar.
Espéranos. No te muevas”. Asentí y esperé sentada.
La
primera hora no dije nada. Después comenzaba a preocuparme, y como estaba,
oscureciendo comencé a llorar. Mis abuelos, quienes me cuidaban, no estaban en
casa. Gritaba lo más fuerte que podía, pero mis primos no me escuchaban.
La verdad, no sé cuánto tiempo pasó hasta que mi tío, el papá de mis primos,
llegó del trabajo. Inmediatamente me quitó las cuerdas y me preguntó que si
estaba bien. Le dije que sí mientras lloraba. No perdí el tiempo. Le conté lo
que sus hijos me habían hecho.
Mi
tío me cargó y me llevó a su casa. Cuando
vio a sus hijos, les gritó y preguntó por qué me habían dejado amarrada
dentro de la sala. Mis primos le dijeron que se subieron a la
casa para buscar juguetes y que no se acordaban de que me habían dejado ahí. Me
pidieron disculpas, pero después se rieron de mí. Me molesté mucho y bajé
a mi cuarto. Cuando llegaron mis abuelos, mi tío les explicó lo había pasado.
Se preocuparon y fueron a verme. Lloré porque recordé lo sola y triste
que estuve en la sala. Llegó mi mamá del trabajo. Mis abuelos le contaron lo
que pasó. Ella me consoló y me sentí mejor. Pude dormir tranquila, pero jamás
confié en mis primos.
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